sábado, 29 de mayo de 2010

Tacto

El tacto tiene recuerdo.

Los recuerdos tienen tacto.

El tacto de mi recuerdo es áspero. Su piel era oscura y firme. Su silueta perfilaba una estructura fibrosa; marcaba cada curva, cada músculo, en un sinfín de hondonadas que me llevaban a la perdición. El desierto de dunas de su vientre y las olas de su espalda.

Su melena, negra, densa, infinita, cayendo sobre mí. Nunca adoré tanto algo físico. Encontré perfección donde otros veían error. Encontré mi refugio mundano. Mi paz dentro de la guerra. Mi oxígeno dentro de la toxicidad.

El recuerdo de un tacto pasado es un tacto de sueños, distorsionados ya por la eterna repetición en la memoria sensorial. Evocarlo con palabras es un último intento, como el último suspiro del moribundo, de agarrarse a la memoria para que se no escape entre las manos como agua o arena.

Todo pasó rápido y se antoja asombrosamente lejano. En otra vida tal vez.

4 comentarios:

  1. En ocasiones los recuerdos son lo único que nos queda del pasado. Y aunque puedan difuminarse con el paso del tiempo, siempre encontramos la forma de revivirlos, de rememorarlos y de tenerlos presentes porque sin ellos no podríamos seguir adelante.

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  2. Mi recuerdo no tiene tacto.

    Mi tacto no tiene recuerdo.

    Su paso por mi vida fue efímero, ¿Qué fueron cinco, seis, siete encuentros? ¿Qué fue, amor, pasión, compasión, deseo, sexo o simplemente nada? ¿Por qué ya no logro recordar?¿Por qué intento recordar tu tacto y no lo encuentro?¿Acaso el tacto me impide gritar?¿Es tacto lo que debo tener?¿Dónde están mis recuerdos? ¿Dónde se marcharon los tuyos?

    Que fácil es el olvido cuando no se quiere recordar.

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  3. Mi tacto fue suave como la seda; fresco como caminar descalzo por la hierba mojada en una mañana de primavera; cálido como los rayos de sol bañando su cuerpo; intenso y apasionado como el beso de dos amantes; lleno de urgencia, de necesidad... inesperado y a la vez sorprendente. un tacto que no debería haberse terminado ahí donde quedó. que no debió ser tan efímero como un beso robado; que no debió marchitarse como las hojas en otoño; que debió prolongarse pese a saber que al final acabaría muriendo entre mis dedos sin que pudiera evitarlo

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  4. todos están condenados a morir entre los dedos sin remedio. Como la vida, lo efímero despierta la pasión por sentir intensamente cada instante compartido. Temporal y frágil...

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