miércoles, 26 de mayo de 2010

El baile de máscaras

Los humanos somos miserables, egoístas, destructivos. Se me ocurren muchos adjetivos que añadir a esta lista, seguro que a vosotros también. Pero hoy, abandonando mi lado cínico y dramático, hablaré de uno de los mejores rasgos propios de nuestra apocalíptica raza.

Los humanos somos SORPRENDENTES. En algunos casos, increíblemente sorprendentes.

A veces, conocer un rasgo oculto de alguien, puede compararse con llegar a casa, abrir el buzón y ver un paquete inesperado. ¿Qué habrá dentro? ¿Quién lo ha mandado? ¿Por qué?

Las personas somos cebollas, primero porque hacemos llorar y, segundo, porque tenemos capas, una sobre otra. Al principio, la capa superior, que puede llamar o no la atención, para bien o para mal. En la capa superior residen los valores más frívolos y superficiales: belleza, dinero, estilo… Pero esa capa deja entrever la siguiente, donde habita el carisma, la personalidad. Esta segunda capa te puede enganchar y despertar el deseo de rascar hasta ver la tercera. Dependiendo de la complejidad, de la experiencia, de la edad de la cebolla, ésta tendrá más o menos capas.

Hoy he pelado una cebolla, pero no me ha hecho llorar. Me ha hecho reflexionar y darme cuenta de que hacía mucho que nadie me sorprendía. Así que hoy me iré a pasear con una agradable sensación de que queda mucho por descubrir y de que, a pesar de que a veces nos parezca que las personas hemos perdido la esencia, que el capitalismo, la crisis y el miedo han devorado nuestros mejores valores, siempre habrá valientes en la resistencia.

Dedicado a una cebolla muy especial… :)

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