Maldigo mi temperamento porque te ha arrancado una cara de tristeza y unos ojos perdidos. Maldigo mi falta de paciencia por presionar algo nuevo, algo impensado e impensable. Maldigo mi falta de tacto y de vista, maldigo el estado dramático de todos mis sentidos. Y maldigo haber dicho muchas de las palabras que han salido por mi boca, sin pasar por el filtro de la lógica.
Nada me hace más feliz que hacer feliz. Nada me destroza más que destrozar.
Intentando aplicar valores absolutos a esta ecuación incomprensible. Me rindo. No pienso. Solo fluyo. Solo nado en los recuerdos, en los sueños.
Ahora pensar se ha convertido en sinónimo de lejanía. Renuncio a destripar la realidad que nos ha rodeado, renuncio a la lógica y al sentido común, para así no seguir maldiciéndome.
Siempre camino delante de ti. Pero me vuelvo a mirar si vienes.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Últimamente, cada vez que paso por tu blog es para leerte sufrir. Ve pensando en cómo cambiar eso. Y deja de maldecir, que cuando lo haces frunces el entrecejo.
ResponderEliminar